domingo 26 de abril de 2009

¿Por qué repetir el curso?

(SDB Jarabacoa) Cuando llega el fin del año escolar el resultado más esperado por maestros, padres e hijos es tener una cosecha llena de buenos frutos. Sin embargo, para muchos este no es un momento de “ganancias” sino de pérdidas, frustraciones y remordimiento por lo que se hizo o se dejó de hacer.
El aprobar o reprobar un año es una decisión importante que se debe, en lo posible, considerar como tarea entre el colegio y la familia. Pero más que reclamos y castigos hay que analizar por qué el hijo no superó las propuestas del año. Si se analizan las causas, posiblemente se encontrarán las soluciones más efectivas para ponerse las pilas en el año siguiente. En muchos casos repetir un grado es muy beneficioso para el niño, pero en otros, puede ser un freno para su desempeño futuro.
Para los niños de grados inferiores es bueno repetir, pues el no alcanzar los logros curriculares se asocia, muchas veces, con la inmadurez del niño. Repetir un año, en este caso, ayuda a mejorar la autoestima, la confianza y la seguridad en sí mismo. Es mejor repetir y ser de los mejores, que continuar y siempre ser el más quedado.
Para los jóvenes perder el año se mezcla con los sentimientos de culpa, las frustraciones y los miedos, pero nada que no se pueda superar.
Aprendiendo a caer
La frustración por perder un año debe ser asumida como un trampolín de lanzamiento para el niño o el joven. Si se queda en el estado melancólico de lo que no se logró nunca podrán encontrarse en las dificultades las posibilidades para mejorar y sacar provecho de los errores.
¿Y qué fue lo que nos pasó?
Lógicamente, el joven debe asumir sus faltas y sentir el dolor de no haber cumplido todos los logros. Por eso es importante dialogar con ellos, asumiendo acciones estrictas para los errores que se encuentren y que pudieron ser causantes del deterioro en el rendimiento escolar (acortar el tiempo de uso de Internet, ver menos tv y jugar poco con el play…) y tomando, así mismo, posiciones positivas que inviten a emprender cambios y mejorar las actitudes. La culpa no es de nadie, ni del colegio, ni del joven, ni de los padres, pero si se pueden encontrar los puntos en los cuales hace falta la presencia de alguna de las partes.
Lo más importante es ayudar a que el estudio sea una época agradable.
Es importante evaluar el comportamiento académico, los niveles de competencias y las capacidades físicas (cerciorarse de que escucha y ve bien, estos pueden ser causantes de la desconcentración). Además, el contexto familiar, los traumas por agentes externos (muerte de algún ser querido) y los posibles distractores, como falta de hábitos de estudio, mala supervisión de los adultos o poca afinidad con los profesores.
Pérdida de una ganancia
De esta manera, es posible encontrar en la llamada “pérdida” una ganancia, pero sin quedarse en la frase de cajón “perder es ganar un poco”. No, perder es perder, pero es necesario aprender del error y encontrar en él las infinitas riquezas que puede traer a la vida.